"El amor no perdona a los que juegan con él". Es un verso de Enrique Lihn, poeta chileno. Queda cuando uno lo lee la sensación de que todo el mundo ha sido general alguna vez en esto del arte de la guerra y el vivir. El verso lo encontré sin querer. Bueno, me encontró él a mí. Tengo que decir que yo se lo oí al Maestro de la Palabra. Salió de su boca y pareció una enseñanza. Al principio no lo pensé, pero tengo al GENIO grabado en la memoria diciendo el verso, solapando la frase a un mundo que vive demasiado deprisa.
No diré que nunca había pensado en eso de que al final la vida le devuelve a uno la mala leche que va soltando por ahí, pero nunca había quedado tan clarito. Yo estoy dejando de echar monedas en la máquina; por aquello del juego. Prefiero no pensar que le ocurrió a Enrique Lihn para escribir éste verso, y por ello he evitado consultar su biografía.
Desde hoy tengo una voz propia, que diría Rilke. No sé si estaría él muy de acuerdo en que yo utilice lo de la voz propia en un balazo, pero él dijo lo que quiso y sus influencias tendría. Me he descubierto con la guitarra en la habitación aún más a gusto de lo que suelo estar cuando toco; y he encontrado mi voz propia. En sentido literal.
Por cierto que el otro día descubrí guardado en la funda de la guitarra el resguardo de un billete a Barcelona. Llevaba allí una eternidad. Casi el mismo tiempo que tiene la guitarra. Igual no es tanto tiempo, pero trae recuerdos de aquella zona. De los devaneos por la rambla con la conciencia ligeramente alterada, de un hotelito en las afueras, de unas copas sin ganas de beber. Recuerdo a media voz, como se leían antes los poemas, una noche en la ciudad condal. Cenamos en un restaurante chino. Había allí una persona conocida y bastantes sin conocer. De cualquier manera, por mi persona conocida bien se podía soportar el trago de tanto desconocido hambriento de chistes fáciles. La gente tiene la manía de romper el hielo soltando alguna estupidez que considera poco graciosa. Lo que no entiendo yo es cómo es posible que si algo te resulta poco gracioso decidas que a los demás les va a parecer el no va más. Pero da lo mismo. El restaurante chino, mi persona conocida; decía. Comimos poco porque era el cumpleaños de alguien y cuando paga uno solo no se puede pedir una cena opípara, pero menos dan las piedras. Lo cierto es que la cena fue bastante agradable, y que pase, probablemente, una de las mejores noches de mi vida. Noche que por cierto termino en un karaoke: con una de Revólver. No recuerdo entrar, ni mucho menos cantar, nunca más en un karaoke. Es lo que tiene la vida, que uno nunca sabe.
Esto lo cuento porque aquí el que escribe no tiene del todo claro quien puede leerle, y creo que le debo a ésa persona al menos un pedazo de toda mi historia.
Últimamente dedico al menos algo de cada balazo a mis pequeñas deudas. Me han dicho hoy que mi problema es que me considero mala persona. No he sabido muy bien cómo tomármelo, ni siquiera ahora, tranquilo, con un trago y la luz blanca de la pantalla, logro encajar bien el golpe. Aunque he decidido tomármelo bien. Supongo que hay cosas que son como uno quiere que sean. Como un acorde; si conoces la guitarra, puedes hacer que suene en distintas partes del mástil.
He estado pensando en historias de amor. No mías, sino historias en general, detalles que valen la pena. Detalles que completan a los protagonistas. No sé, he pensado, por ejemplo, en él, que se desvive por ella, que cambia el lugar donde toma café por encontrarse con ella, que deja de salir con los amigos por si ella, que es su vecina, decide en cualquier momento ir a pedirle sal. Éste tipo de historias suele salir mal, ella no va nunca, él es un paranoico; cosas de esas. El caso es que un día, de esos que él no sale, ella iría a su puerta y él no oiría el timbre. Pero a la mañana siguiente se conocerían en el ascensor, y tras un noviazgo encantador, acabarían casándose.
Sé que es un final un poco raro, pero es que me ha dado por pensar que con toda la energía que gastaba él en conocerla, es justo que tuviera un final feliz.
Por aquello de que si el amor no perdona a los que juegan con él, lo justo es que si te portas, tengas lo que te mereces.
Ojalá estuvieran así las cosas. Ojalá.
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2 comentarios:
Balazos... no sé por qué, me trae a la mente una mezcla de Cowboy Bepop y Vash la Estampida. Muy chulomesetario, sí señor :p... muy tuyo. Muy Jose (Jose sin tilde y con media sonrisa).
Escribo con retraso, pero bueno, lo nuestro siempre va con retraso. Estoy segura de que algún día conseguiremos quedar, va en serio. Quizá ese día tú no serás tú y yo no seré yo, y cuando no sentemos en una mesa de un café nos miraremos a la cara y diremos... ¿por qué tengo a esta persona delante de mí? Pero bueno. Todo puede ser que nos veamos antes de que eso ocurra, y que aún queden trocitos de recuerdos que nos unan. Confío en que ocurra eso último.
Sobre el noveno balazo... realmente no tengo nada que decir, ya que ello corresponde a la mentada "conocida", pero aún así me ha gustado leerlo. Como quien lee un relato breve, de amor silencioso y escondido, melancólico, resignado... lo he disfrutado. Se te dan bien las historias de amor que acaban mal, por muy sádico que pueda parecer. Y la última reflexión sobre "quien sigue la consigue", o esa especie de karma justo que debería guiar el amor... no me puedo creer que haya alguna diminuta parte de ti que crea en ello. Si algo se puede afirmar del amor es que no es justo, y que pocas veces va unido al esfuerzo que se invierte en él.
Mira que puede sonar feo que te diga esto pero... para mí, no te pegan los finales felices :p.
Estoy cansada. Dormí poco, y se me cierran los párpados aunque sean las cinco de la tarde. No sé a qué viene, pero bueno, me apetecía decírtelo. También que tengo ganas de verte, aunque ahora mismo estoy en proceso de morir aplastada y arrollada por mi propia culpabilidad y el estrés pre-exámenes que se me echa encima. Demasiados trabajos que entregar para demasiado poco tiempo. Supongo que si sobrevivo, nos veremos antes de que me vuelva a Málaga. Si no sobrevivo... bueno, puede que aún tengas la sensación de que algún día vayamos a quedar, aunque mi espíritu esté flotando en alguna nube esponjosa del limbo. Quizá entonces saquemos algo de tiempo libre.
En fin, que me rallo y me enrollo. Las dos con elle (¿ o no? hm...)
Sigue escribiendo tan envidiablemente bien como lo haces, porque, cuando dentro de algún tiempo, nos miremos a la cara como extraños, al menos ese nexo seguirá latiendo.
Qué potito.
Va, un beso.
Tonto del bien, caballero de la rosa.
Lucía.
Gracias Luccy, a ver si es verdad que nos vemos después de exámenes. Por cierto, para cualquiera que lea ésto. He arreglado el problemilla de que los comentarios se borren solos, así que ya podéis poner lo que queráis.
Luccy,que bueno que te pases a leerlo. Siempre agradecido, ya sabes. Un beso.
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